Praxeum

Praxeum pensamientos de Erick Skywalker:

Eran las 11.17 de la noche del Domingo 27 de Septiembre de 1998. 

Estaba sentado sobre el sillón de mi cuarto con la cabeza en alto, en actitud meditativa y con los ojos Cerrados. Pero no estaba durmiendo: mi mente viajaba a través del tiempo y del espacio alucinando un tiempo pasado y una lejana, lejana galaxia…. Dejaba mi mundo, mi sistema, mi galaxia y mi dimensión… a medida que viajaba podía distinguir un cúmulo de estrellas gigantes rojas enanas blancas y soles amarillos. Al aproximarme a una de ellas pude apreciar algunos planetas orbitándola. Pero uno de ellos en especial parecía ocultarme algún tipo de secreto. El planeta era enorme, gaseosos rojizo y a su alrededor orbitaban varias lunas, algunas del tamaño de la Tierra. La luna más cercana no parecía estar a más de 300.000 kilómetros, así que opté por llegar a ella. 

Atravesé su atmósfera a enorme velocidad y al pasar los blancos cúmulos de nubes observé un selvático e indomable mundo. Poco más cerca de su superficie logré avistar algún tipo de ave, semejante a los pterodactilóides. Volaban en bandada y emitían un grito como el del águila, pero aún más duradero. Un par de segundos más tarde me encontraba tocando el suelo con mis pies y podía sentir cómo me atraía la gravedad del satélite, similar a la Tierra. 

Comencé a caminar por la espesura de la selva y podía sentir el suelo húmedo y musgoso. Me rodeaban una serie de sonidos naturales; agua cristalina que fluía de un manantial a pocos metros de mí, el viento que se colaba entre las ramas de los árboles con lianas e insectos que sonaban como grillos además de los gritos de esas extrañas aves. Caminando llegué a un pequeño claro, una hermosa piedra blanca similar a un cristal de cuarzo estaba semienterrada junto a un musgo. Tomé la piedra y la lavé en el arroyo cercano de la arenisca que se le había adherido. Me guardé el cristal en el bolsillo de la camisa y continué mi camino. Divisé luego un sendero que se ocultaba en la selva. Seguí el sendero y llegué a un foresta húmeda en la que los rayos de luz atravesaban la copa de los árboles cubiertas por grandes hojas agujereadas por naturaleza. 

Al final del sendero se divisaba un nuevo claro, pero al llegar a él pude advertir que se trataba de algo distinto. A no más de 40 metros se hallaba lo que parecía ser una oscura entrada a una enorme pirámide de piedra de más de 500 metros de alto y de un color negro y verde por la gran cantidad de musgo y vegetación que la cubría. Entonces, y sin previo aviso, una serie de zumbidos armoniosos me despertó del estupor en el que me hallaba al encontrarme. tan de repente. con un monumento de tal envergadura. 

Persiguiendo el sitio de emisión de aquel extraño e hipnotizador zumbido, llegué a un nuevo sendero recientemente fabricado sobre las hierbas por el caminar de algún ser bípedo. Pude divisar a lo lejos, tras los árboles y en un sitio bien iluminado por la reconfortante luz, unas líneas luminosas multicolores que se movían al compás del zumbido. 

Mi curiosidad me obligó a acercarme aún más. Entonces pude apreciar, con toda claridad, a un hombre de unos 30 años o más, era difícil saberlo, rodeado con algunos y algunas jóvenes. Todos vestidos con largos pantalones blancos y túnicas con capa color café. El hombre tenía un cinturón especial con algunas argollas de las que colgaban unos artefactos de metal pulido, similares a los que tres de los ocho jóvenes empuñaban. El hombre parecía enseñarles. Del extremo de cada empuñadura surgía un rayo luminoso de poco más de un metro y de colores verde claro, azul y rojo. El zumbido era producido cuando los rayos cortaban el aire. 

Para ese entonces me encontraba relajado, sereno y con una sensación de tranquilidad tan grande como nunca había sentido. Al parecer los extraños zumbidos me fundían aún más con la naturaleza del lugar. De pronto, noté que aquél hombre me estaba observando. Al principio me asusté y sólo entonces pude reconócelo. Luke Skywalker, ahora todo un maestro Jedi, con una mirada comprensible y sabia sonrió y me dijo: “No temas, te hemos estado esperando…”. Me acerqué, saliendo de la clandestinidad de la selva. Los tres discípulos que practicaban desconectaron sus sables de luz, entonces Luke se acercó, apoyó sus manos en mis hombros y dijo: “Has dado tu primer paso hacia un Universo sin límites, inimaginable. Recuerda que la Fuerza estará Contigo… Siempre…”. En ese momento sentí una Fuerza que me rodeaba y penetraba y una luminosidad de un color verde muy claro me envolvió. Al cabo de unos segundos la luz desapareció y mis ojos se abrieron. Pude percatarme que aún me encontraba sentado sobre el sillón de mi cuarto. Miré mi reloj, eran las 2:24. Entonces comencé a levantarme y sentí algo pesado dentro del bolsillo de mi camisa. Lo saqué lentamente y con gran asombro comprobé que se trataba del cristal que había recogido en la selva… Certifico la veracidad de esta historia con mi cristal que aún guardo como prueba… 

Erick Skywalker

Septiembre 1998

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